La madre perfecta no existe. Pero tú sí.
Vicky, al final de Envidiosa, entiende algo que cambia todo: lo que buscaba afuera estaba adentro todo el tiempo.
Y eso aplica aquí también.
La madre perfecta no existe. Existe la madre presente, imperfecta, cansada, que algunos días grita y otros abraza fuerte, que se equivoca y vuelve a intentarlo. Esa es real. Esa eres tú.
El problema nunca fuiste tú. Fue el estándar imposible que te enseñaron a perseguir.
Soltar eso no pasa de un día para otro. Pero empieza con una decisión pequeña: dejar de tratarte como si fueras un borrador de lo que deberías ser, y empezar a verte como la mujer que ya está haciendo lo que puede con lo que tiene.
Eso merece compasión. No comparación.
